26 abril, 2006

Una mirada


"Es necesario aprender lo que necesitamos y no únicamente lo que queremos."
PauloCoelho

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Era la mañana del cinco de enero -plena feria judicial-
Se deja sólo una guardia para atención de casos urgentes y derivaciones a otros organismos...
Un día hermoso de sol de enero...verano porteño.
Mi compañero y yo, de buen talante comentando cosas cotidianas, pasando el tiempo, casi aburridos...proyectos de viajes...
Por los cristales que encuadra la puerta, vislumbramos la llegada de una muchacha. Alta, rubia, bella, y con unos ojos celestes...
Se abre la puerta totalmente y vemos que llevaba de ladero y sostén un bastón...
Caminando, como pudo, balanceándose , llega al escritorio -vaya necedad la nuestra, no la obviamos!- luego de caminar casi veinte metros dificultosamente..
-Buenos días, buen año, dijo alegremente, necesito certifiquen mis firmas en el legajo...
Ninguno nos animábamos a decirle: no es posible...hasta febrero, no es posible... (porqué no le evitamos, esa caminata ...?)
El hecho es que tomé la mala posta, y esperando el reproche acostumbrado (a ustedes los mantiene el Estado- para qué me hizo llegar hasta aquí- cuando me atiende, etc. etc.), le explique: no es posible ahora, si vuelve en febrero, el problema será solucionado, o , si quiere vaya a un Escribano...
Y ella, lejos del reproche esperado ( y porqué no, casi merecido), esbozó una sonrisa, mientras decía: muchas gracias, perdón, no sabía que en enero era feriado.
Giro lentamente, acomodo su baston amarronado, y dificultosamente , tomó rumbo a la salida...
Ninguno de los dos la acompañamos, ni siquiera el pesado portón , le evitamos.
Tras dejar atras el corredor,nuevamente dio medio giro, nos miró , y siguió su camino...
Sólo una mirada...esa mirada...tan dulce, comprensiva, sin reproches...
Esa mirada...
Que sabia...
Que lección nos diste con esa actitud, con esa mirada...
En un mundo intolerante, un ángel, nos dejo, en lugar de posturas desmedidas o palabras agrias, tan sólo esa lánguida mirada...
Volvimos a nuestros escritorios..
Por largo tiempo , ni murmuramos...
Y pensar que nos quejamos, y protestamos por nimiedades !
Sólo quien sufre o tiene algún dolor, puede dar testimonio de su pena...
"Dura lex, sed lex" , dicen los textos, pero que lejos estamos de los hechos...
Que poca cosa nos sentimos. Casi nada...
..
Rodolfo (fue un hecho real)

08 abril, 2006

EL MENOR SOSPECHADO

Ut sementem fecerem, ita metes.
Como siembres así recogerás.(Marco Tulio Cicerón)

En una reunión, de las que habitualmente celebrabamos con liberados condicionales, planteamos el interrogante de porque habían comenzado a delinquir.

Que causas los habían llevado al camino del delito.
En la reunión había tres jóvenes que estaban cumpliendo condenas por distintos delitos, y con asombro descubrimos que los tres dieron idéntica respuesta.
Los tres habían sido "menores sospechados", todos habían sentido profundamente la duda y la desconfianza en el hogar como una carga difícil de soportar.
A su turno cada uno comentó la impotencia y la bronca de sentirse sospechados, de sentir que en su hogar no eran creíbles, que eran depositarios de las dudas y las culpas.
Siempre existía el reproche, muchas veces injustificado, ¿ porqué ?
¿porque yo, porque no otro?
La sociedad, muchas veces también actúa así. Rotulamos, sospechamos, discriminamos, y no medimos las consecuencias.
Y las consecuencias son imprevisibles.

Algunos se angustian, otros se sienten humillados, otros lo superan con indiferencia, pero algunos reaccionan confirmando la sospecha, con una actitud contestataria y suicida.
Este es el caso que nos ocupa: menores que fueron sospechados y que hartos y humillados por esta continua desvalorización, cuando pueden, reaccionan contra el medio.
Ahora la desconfianza está justificada, alegan.

Se confirma el rótulo.
Esto no significa, que fatalmente, el sospechado termine delinquiendo, pero nos alerta de lo importante que son nuestras actitudes y respuestas ante los menores.
Esa arcilla que modelamos va a reflejar nuestras formas de vincularnos, el afecto, la dedicación, el tiempo que dedicamos y el trato y consideración que brindamos.
Aprendamos de las experiencias que cosechamos.

Un niño merece todo nuestro respeto y cuidado, y si no obramos de esta forma realmente hipotecamos su futuro y el nuestro.

Rodolfo.